madreteresacalcutagrandeSanta Teresa de Calcuta un modelo de hospitalidad, un modelo para nuestra vida.

Cuantas veces nos habremos equivocado cuando al hablar de ella decíamos Santa Teresa de Calcuta y en seguida alguien nos corregía, y en verdad estaban equivocados porque hoy la Iglesia reconoce la santidad de la vida de esta monja que dejó al mundo con la boca abierta. Ahora no empieza a ser santa, sino que ella vivió santamente y hoy la Iglesia lo reconoce. Santa Teresa de Calcuta es ahora declarada santa universal, y en ella como, en los papas del siglo XX se comprende muy bien  esta universalidad, pues ya en vida su fama de santidad llego a todos los rincones del mundo. Es más en todos los lugares, y a todas las personas independientemente de su forma de pensar. La madre Teresa podía hablar con todo el mundo, la hemos visto recibir el premio Nobel, hablar ante la ONU; ir acompañada del brazo con san Juan Pablo II en el vaticano o con reyes y jefes de estado, artistas y políticos de todas las formas de pensar.

Cuando ella murió coincidió con la muerte de Diana de Gales, Cristina López Schlichting narraba entonces para ABC lo que ocurría en Calcuta, con rabia veía que siempre que habla de la madre Teresa enseguida añadían que era la amiga de Lady Di. Se lo comento a un sacerdote, mostrando todo su enfado porque quisieran utilizar su imagen, y el sacerdote, un padre muy cercano a la Santa, la corto en seco y le dijo que era verdad que ellas eran muy amigas. En su sorpresa la periodista se preguntaba como era posible este vínculo entre quien vivía entre los pobres pobremente y quien vivía en los palacios lujosamente. El sacerdote continuo contando que a la madre Teresa la tenía mucho cariño porque conocía los dolores de su vida. Y en este punto esta la clave de una santidad de la que tendremos que aprender: santa Teresa de Calcuta podía estar con la princesa de Gales y con el último pobre de Calcuta y estaba con la misma actitud de servicio, porque en todos los hombres uno sirve a Jesucristo, y de esta manera ella podía llegar a lo más profundo de cualquiera, porque podía acogerles, descubrir que el ser importante, ser pecador, ser afamado o enfermo nunca puede ocultar la verdad más profunda, y la razón más profunda de la dignidad de cualquier persona, que todo hombre nace del amor de Dios y que hemos sido creados a su imagen y semejanza. Descubrir que es en los hombres, en los más pobres de modo especial, nos encontramos con Cristo que en la cruz sigue gritando “tengo sed” y abrazar esa sed se convirtió en el sentido de su vida.

Para nosotros que peregrinamos a Lourdes como enfermos, hospitalarios o de peregrinos la Madre Teresa tiene mucho que decirnos, porque para ella servir no era ponerse como un superheroe que desde fuera siempre tiene una solución, sino hacer suya la cruz del hermano, cruz que ella también vivía en primera persona. Desde la cruz nace una misericordia que salva vidas. Encomendemos nuestra peregrinación, y nuestros afanes, a esta Santa y descubramos en ella una santidad que todos podemos entender, aunque no podamos imitarla en sus formas, si podemos hacer que su estilo de vida marque el nuestro. Y esta es la verdadera enseñanza de los santos que nos enseñan que vivir de una manera diferente, que vivir como Dios quiere, es posible.