Relación con los enfermos y discapacitados.

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Todos los seres humanos, enfermos, discapacitados o no, tenemos nuestra propia idiosincrasia, a la cual no es evidente que los demás estamos habituados.

Con objeto de evitar, en la medida de lo posible, cualquier situación anómala, deberemos cuidar nuestra forma de relacionarnos con ellos, teniendo en cuenta entre otros, los siguientes modos de comportamiento;

    • Mostrarle nuestro afecto sin necesidad de incurrir en actitudes que pueden inducirles a error, es decir, evitar aproximaciones excesivas, conversaciones subidas de tono, etc. y por supuesto jamás entrar en discusiones con Ellos.
    • Discreción y respeto hacia sus vidas. No son procedentes preguntas morbosas. Debemos de estar ahí, demostrándoles con nuestra presencia y afecto, que estamos a su disposición para escucharles cuando sientan la necesidad de hablar.
    • En el caso de que tengamos el privilegio de que un enfermo nos haga confidencias, las mismas deben ser tratadas como merece, es decir, con la discrección con la que nos gustaría que trataran las nuestras.
    • Si llegara el caso de que cualquiera de los enfermos nos hiciera preguntas para las cuales no estamos preparados, recordemos que tenemos la suerte de disponer, en los diferentes equipos, de personas que seguramente podrán ayudarle más, por ejemplo los Sacerdotes, Médicos, etc. No dudemos que nuestra ayuda será, tanto mayor, poniéndoles en contacto con la persona más adecuada.
    • En el caso de que nos demanden algún tipo de medicación, debemos de recordar que este menester es competencia exclusiva del personal sanitario o en todo caso de los responsables de cada equipo.

Salidas – Invitaciones:

Será deseable hacerlas en grupo, cuidando de que aun sin desearlo, algún enfermo/discapacitado quede descolgado. En cualquier caso, recordar que está totalmente prohibida la ingesta de alcohol, tanto para los enfermos como para el personal hospitalario que los acompañe.
En caso de los enfermos andantes, particularmente de los que son, o están más introvertidos, de los discapacitados que tienden a aislarse, etc. hay que hacer un esfuerzo suplementario para conseguir, sin violentarles, que formen parte del grupo de paseo.
La experiencia demuestra que, aún cuando este tipo de personas no hagan nada por integrarse o que incluso, en primera instancia, rechacen nuestra invitación, en caso de quedarse solos lo perciben como abandono y sufren más. En general este tipo de personas acaban convirtiéndose en lo que llamamos \”los enfermos grises\”.

Regalos.

Naturalmente, cada cual es libre de obsequiar al enfermo que desee. Sin embargo y para evitar agravios comparativos, estos obsequios no deberán ser entregados hasta el regreso a Madrid.

Decálogo del hospitalario

    1. Honrarás la dignidad y lo sagrado de la persona del enfermo.
    2. Servirás con todo tu corazón, inteligencia, fuerza y tiempo a los enfermos.
    3. Cuidarás a los enfermos como te gustaría que te cuidasen a ti.
    4. Hablarás procurando que tus palabras sean más bonitas que el silencio
    5. Evitarás las distracciones que puedan aumentar los sufrimientos de los enfermos.
    6. No matarás las esperanzas de los enfermos con las prisas, las chapuzas, las indelicadezas, el enfado o la inapetencia.
    7. A la hora de servir nunca dirás: No me toca a mí
    8. Hablarás a Dios de los enfermos y a los enfermos de Dios.
    9. Lucharás contra la más grave enfermedad de nuestros días: la falta de amor y de escucha a la persona.
    10. Cuando te encuentres cansado o con ganas de dejarlo todo, recordarás: Todo lo puedo en Aquel que es mi fuerza