Procesión mariana de antorchas

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En Lourdes, normalmente la primera noche de la peregrinación, participaremos en la procesión de las antorchas. Os invitamos a descubrir toda su profundidad y significado.

A las 9 de la noche empezamos con la señal de la cruz. La señal de la cruz nos ayuda a encontrarla y a entrar por la puerta de la fe. Situándonos en el registro de la fe, la confianza nos ayuda a vivir un mayor conocimiento de la puerta de la fe. Después, la confianza nos suscita el deseo, no sólo de no estar separados de Dios, sino, sobre todo, de comprometernos en un camino de retorno a Él. Esta conversión, que es el centro de la vivencia de fe, nos ayuda ahora a descubrir la luz a la que nos da acceso la puerta de la fe.

Para Lourdes, la luz forma parte de la experiencia de Bernardita. La luz que ella vio, hacia la cual se encaminó y con la que tenía cita. La luz de la llama de la vela que llevó, hizo brillar y propagó. La luz en que ella misma se convirtió, irradiando con su propia existencia a Jesucristo Salvador.

La relación con la luz forma parte también de la peregrinación. La procesión mariana de las antorchas es de hecho una de las imágenes más conocidas de Lourdes. Pero tras esa realidad que impresiona la sensibilidad humana, muchos peregrinos encuentran y franquean la puerta de la fe.

En la procesión mariana de las antorchas, como en el paso por la gruta, el aspecto comunitario y eclesial está omnipresente. Pero, contrariamente al paso por la gruta, el gesto que se realiza individualmente en esta procesión tiene una consecuencia visible inmediatamente. En efecto, levantando su vela al canto del “Ave María” los peregrinos de Lourdes ven cómo el cielo se enciende en la noche. De hecho, lo que hacen es representar y ver a qué corresponde el paso por la puerta de la fe, la entrada en el registro de la fe. Es una verdadera iluminación para uno mismo y para los demás; por eso los primeros cristianos llamaban al bautismo simplemente “iluminación”.

Jesús dice en el Evangelio: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Jn 8, 12).

  • La vela que llevamos en la mano es un signo de cómo la Fe y la oración rompe nuestra oscuridad.
  • El marchar nos recuerda como la vida de Jesús nos hace ponernos en movimiento y compartir con los otros nuestros anhelos y los suyos, somos una comunidad.
  • Los cantos son expresión de la belleza y alegría de nuestra oración.

Oración

Señor Jesús, que el gesto que hago en Lourdes levantando mi vela,
lo prolongue todos los días de mi vida, volviéndome siempre hacia ti.
Entonces podrás hacerme pasar de mis tinieblas a tu luz y harás de mí un auténtico testigo de la fe.
Durante la peregrinación a Lourdes he recibido siempre una luz sobre mi propia vida.
A esta luz es como puedo considerar de verdad mi propia situación, hacer opciones y tomar decisiones.
Esta luz me indica que he entrado por la puerta de la fe. Es la luz de la fe.
Una noche, una veintena de personas participaban juntas en la procesión mariana de las antorchas.
Habiendo llegado con anticipación tuvieron tiempo de hablar y de comentar.
Al final de la procesión cuando se invita a los peregrinos a intercambiar ente ellos un gesto de paz y de amistad, esas personas se dan un abrazo fraterno.
Pero antes de abrazar a su vecina, una señora exclama maravillada:
“Somos ciertamente las mismas personas que hace un rato, pero no tenemos las mismas caras”
“Es verdad, oye decir como respuesta a su constatación.
Más tarde esta persona dice:
“De hecho, al final de la procesión, si de lejos solo se ve la luz de cada uno, de cerca solo se nota el resplandor de cada rostro”