En Roma durante el jubileo de la misericordia se hicieron diversas celebraciones, entre ellas en el mes de junio se celebró el jubileo de los enfermos y de las personas con discapacidad. La hospitalidad de Lourdes de Madrid participó llevando a unos 30 enfermos, y a unos 70 voluntarios. Entre los enfermos y discapacitados, también venían algunos que son portadores de VIH, o están en procesos de rehabilitación. La experiencia que os quiero contar es con uno chico que ha pasado por él infierno de las drogas, y de la calle.

 

Para poneros en situación imaginaros que muchos de ellos nunca habían estado en Roma, hoy para mucha gente es habitual salir de viaje y ya casi no hay sitios que la gente se sorprenda. Por eso cuando vas con alguien que ve Roma por primera vez es ver a alguien que se impresiona continuamente. Cuando bajamos con los enfermos andando al Vaticano, por mucho que les recordábamos que era un momento de peregrinación hacia la tumba del apóstol Pedro, ellos estaban con una expectación por poder llegar a entrar lo que el día anterior habíamos visto de lejos. Antes de ingresar en la basílica y de pasar por la plaza, les volví a explicar, estamos aquí para ganar el jubileo y así lograr la indulgencia plenaria, para ello pasaremos por la puerta Santa, iremos a la tumba de San Pedro, donde rezaremos el credo, y luego nos confesaremos y participaremos de la eucaristía. Les anime a que el recorrido de la plaza y la entrada lo hiciésemos rezando. ¡ Qué fracaso más rotundo! Creo que el ejército de Pancho Villa hubiera sido más tranquilo. La plaza estaba llena de vallas para ir dirigiendo a los peregrinos, yo empecé a rezar y me quede absolutamente sólo, sobre todo cuando anime a cantar. Llegamos a la puerta de la misericordia y hay casi entramos haciendo una carrera, al entrar en la basílica del Vaticano se quedaron impresionados viendo la piedad de Miguel Ángel, y ¿ quién no lo ha hecho la primera vez que la ha podido ver? En fin como conclusión ahí estaba yo , como capitán de una tripulación amotinada, dando indicaciones que nadie seguía. Para colmo una de las voluntarias, más preparadas y con una fe profunda, ya dentro de la basílica llegando a la tumba de Pedro me pregunta que donde estaba la puerta esa, la miré con dureza y de la manera más seca dije:- ” Ahí por donde has pasado y ni os habéis dado cuenta”. Que fracaso más absoluto, les anime a rezar el credo y que salieran porque tenían que ir a otra iglesia para una catequesis sobre la misericordia y la enfermedad. Ellos se fueron y yo me quede con unos pocos que al día siguiente tenían que participar en el altar de la misa con el papa. Yo por dentro pensaba que habíamos metido la pata, que no les habíamos preparado bien, o que por otras razones habíamos fallado. Es verdad que cuando llegamos un poco más tarde a la catequesis en español estaban todos dentro, y aprovecharon para confesarse. Después ya la comida y visitar la ciudad, de las visitas que más he disfrutado tengo que reconocer. A la tarde llegamos al hotel pronto porque al día siguiente había que madrugar mucho.

-” Entonces padre ¿se me ha perdonado todo, ya no tengo culpa ganando la indulgencia?” Quien me hablaba así era un chico de los enfermos que vinieron en la peregrinación. En una frase acababa de resumir lo que tantas veces cuesta explicar sobre el perdón infinito de Dios. Él había pasado por el infierno de las drogas, me enseñó tres fotos suyas, y nadie podría pensar que entre una y otra habían pasado quince años, en una cuando vivía a todo trapo, la siguiente cuando lo recogieron después de vivir varios años en la calle, la siguiente en el piso del padre Garralda, donde terminó de rehabilitarse. -” Padre es que yo hecho muchas cosas mal y sé que tengo que pedir perdón toda mi vida, pero lo que nunca pensé es que Alguien me respondería con el perdón”. No basta con saberse pecador, lo importante es el amor misericordioso de Dios que nos perdona y además nos libera de la culpa para poder ir adelante. Alguien que mira mi vida con indulgencia. Allí estaba yo, un sacerdote, que en ese momento volvía a descubrir cómo el evangelio se hacía realidad. La experiencia de los pecadores perdonados, de Zaqueo, de la samaritana, de la mujer pecadora, de tantos a los que le Señor libero del diablo, todos ellos estaban en esa tarde de Roma. Mientras esperábamos para cenar, en la puerta del comedor, un hombre me mostraba como Dios perdona, que significa realmente una indulgencia plenaria, ese perdón que acoge nuestras culpas y nos levanta.

Hoy en día la gente sigue recordando esa peregrinación con enfermos, el padre Victor se empeñó, los jóvenes de la hospitalidad organizaron todo muy bien, el consejo y Germán y Mª del Mar de la agencia hicieron un trabajo espléndido. Pero quien realmente nos transformó fue el Señor, y yo no me di cuenta porque entraron como el ejercito de Pancho Villa.