Consagración a la virgen de Lourdes

“En esta noche queremos renovar la consagración de nuestros esfuerzos y trabajos dentro de tu hospitalidad”. Son estas, palabras de la oración de consagración a la Virgen, Señora y Madre nuestra, que tantos hermanos han hecho y hacen al recibir, en esta hospitalidad dedicada y consagrada a María y a los enfermos, la insignia que significa “no una distinción sino la gracia de amar y servir a la Santísima Virgen en los enfermos y peregrinos”, una dicha que supone e implica esta consagración de entregarse a María y a vivir como ella, para poder amar y servir a los enfermos. Por eso, al recibir la medalla que nos compromete al amor, a la entrega, porque no puede haber verdadero compromiso si no es desde el amor y la entrega, podemos pedirle a la Virgen que nos ayude a vivir como vivió ella. Su vida fue un autentico compromiso a amar y servir entregándose por entero a Dios. Y podemos hacerlo con la certeza de que ella no dejara de interceder por nosotros ante su hijo como lo hizo por otros en las bodas de Cana, con el firme propósito de buscar la voluntad de Dios como ella en la Anunciación, con el deseo de hacer de su Hijo el centro de nuestras vidas y el corazón de nuestros hogares, como ella, en la Encarnación. Marie que es nuestra madre puede ayudarnos eficazmente a entregarnos sin reservas a los enfermos como ella misma lo hizo en la Visitación, con la certeza que nos protegerá de todo mal, de todo peligro, como hizo con Jesús al huir a Egipto, pidiéndola sobre todo que nos libre de la falta de amor y del pecado. María, que vivió en Nazareth una vida oculta cuidando de Jesús, nos ayudara a que nuestra vida cotidiana y el trato con los enfermos este lleno de cordialidad, de alegría, de servicio, de caridad, de espíritu de sacrificio, siendo un testimonio vivo del amor del Señor en medio del mundo, a través de nuestras obras y palabras. Porque Nuestra Señora estuvo al pie de la Cruz, nos ayudara en los momentos de dolor y sufrimiento pero sobre todo a hacernos cercanos al sufrimiento de nuestros hermanos, viviendo constantemente la alegría de la Pascua, porque también ella fue testigo de la Resurrección, y ayudándonos a vivir fieles a la Iglesia y unidos a nuestra Hospitalidad como ella en Pentecostés, y al mismo tiempo, como peregrinos que aman y sirven caminando hacia el verdadero hogar que es el Cielo, del que ella tuvo la dicha en su Asunción. De lo que se trata, en ultima instancia, es de consagrarle a María nuestra vida entera, de ponernos en sus manos maternales y amorosas pidiendo con mucha humildad que nuestra vida y nuestra hospitalidad sean un santuario del amor y de la vida, reflejo de la propia vida de María.

Para solicitar tu consagración e ingreso como hospitalario titular tienes es necesario haber peregrinado en cinco peregrinaciones de nuestra hospitalidad y solicitarlo personalmente, bien presencialmente o bien siguiendo este enlace; Petición de ingreso como Hospitalario titular