¿ Quién reparte las velas? ¿Qué hay que iluminar?

Esta pregunta en la hospitalidad nos la hemos hecho muchas veces estando en Lourdes antes de comenzar la procesión de las antorchas, además siempre tenemos lío que si las dan, o hay que buscarlas, quién tiene un mechero para encenderlas, o ten cuidado que no se queme el papel. Y la verdad es que la procesión de las antorchas de por si ya nos sobrecoge de tal modo que incluso, preocupados por las velas y la belleza de la noche iluminada por ellas, se nos olvida que estamos rezando el Rosario. Y casi esta situación de la procesión nos puede venir muy bien para comprender que significa y cuál es el tiempo que ahora comenzamos y se llama adviento. Estas cuatro semanas antes del 25 de diciembre en que celebraremos la Navidad, la Iglesia nos invita a esperar en primer lugar mirando al futuro, Jesucristo va a volver y cuando el llegue todo será acogido y renovado en Él. Así nosotros nos preparamos para un encuentro, estoy esperando a Alguien y este Alguien es quien me da Esperanza.

De este modo viviremos las primeras semanas del adviento, así se comprende que esta época del año las calles se llenen de luces, de igual manera que la noche en el santuario se llena de velas, y nosotros caminando en la oscuridad somos iluminados por pequeñas llamas. Que hermosa es la foto desde la basílica cuando se ve la procesión como un río de luz, ¿ se verá así la Iglesia desde el cielo?

Este tiempo de adviento en primer lugar tendrá que ayudarme a descubrir que nosotros, al igual que los que no creen o se alejaron de la fe, también caminamos en medio de la noche. Aunque no queramos reconocerlo, al igual que los que no creen o se alejaron, me cuesta dar nombre a lo oscuro de mi vida, a mi enfermedad, a mi vida truncada porque no sé él sentido que tiene, o porque he dejado de lado ese camino, mi pecado… en fin las mil caras que tiene mi pobreza.

Esa noche esta en mi iluminada, al igual que en la procesión alguien me da una vela, de la misma manera al concluir el bautismo me dan una vela encendida en el cirio pascual, es en la Iglesia donde alguien puede darme luz: mi oscuridad es iluminada, decía San , así lo es mi vida con una Esperanza. Toda mi vida apunta a un encuentro con Jesús, por eso a diferencia de los que no creen o se alejaron, en medio de mis dificultades ya está presente quien espero: Jesús se hace presente de muchísimas maneras, en su Palabra, en los sacramentos, en las personas que ha puesto a mi lado.

Y para que no dude la Iglesia la última semana del adviento me invita a mirar hacía la historia, al acontecimiento que ya pasó y cambió el mundo, prepararnos para celebrar la Navidad. Jesucristo que vendrá, es el que ya está actuando en medio del mundo, al igual que ya vino en la humildad de nuestra carne. Es volver la mirada a María en la última semana y descubrir en ella a quien se deja llevar por el plan de Dios. Ella la Inmaculada, que en estos días celebramos, es la imagen también de Bienaventurada los pobres, ella sabe que toda su vida depende de lo que reciba. Vernos desde nuestra pobreza es el primer paso para poder descubrir la presencia de Jesús en Belén, y en nuestra vida. Ojalá sepamos estar con las velas encendidas.

Guillermo Cruz
Consiliario